La investigación demuestra que el impacto del patrullaje preventivo depende de su *enfoque* y de la coordinación con las autoridades. El emblemático experimento de Kansas City comparó barrios con distintas dosis de patrullaje rutinario y concluyó que aumentar o disminuir las rondas visibles no alteró de manera significativa la cantidad de delitos ni la percepción de seguridad; el patrullaje no focalizado aporta poco cuando se usa como estrategia general.
Estudios posteriores han mostrado que el patrullaje es más eficaz cuando se dirige a puntos calientes de delincuencia. Una revisión de 65 estudios encontró que concentrar la presencia policial o privada en micro áreas de alta actividad produce reducciones pequeñas pero estadísticamente significativas en el crimen, y que los beneficios tienden a difundirse a las calles vecinas en lugar de desplazar el delito. Este enfoque selectivo contrasta con la ineficacia de las rondas aleatorias en grandes zonas.
Los ensayos con guardias privados ilustran este potencial disuasivo. Un estudio en el sistema ferroviario del suroeste de Inglaterra incrementó en 41% las visitas de guardias uniformados y observó una reducción del 16% en los delitos denunciados y un 49% más de detecciones policiales. Otro análisis en Filadelfia comparó cuadras con y sin patrullaje adicional de una universidad privada y halló entre un 45% y 60% menos delitos en las zonas tratadas; el valor económico de las pérdidas evitadas superó el costo de contratar a los guardias.
En Chile, la evaluación de los “Patrullajes Preventivos” de Carabineros de 2024 midió 48 áreas intervenidas y 88 de control. En términos globales, el patrullaje no redujo significativamente el número total de delitos. No obstante, en categorías específicas (lesiones, consumo de sustancias y comercio ambulante) las zonas patrulladas registraron un 42% menos casos frente al 16% en las áreas de control, y la carga de daño asociada disminuyó 46% frente a solo 3%. Estos resultados sugieren que, incluso en contextos de baja criminalidad, los patrullajes focalizados pueden reducir delitos violentos y aumentar la sensación de seguridad.
Además de las cifras, la presencia visible de seguridad influye en la percepción ciudadana. Un estudio de 2022 sobre alianzas público privadas reporta que las rondas de seguridad en barrios residenciales redujeron la criminalidad y el temor al delito, pues los residentes percibieron que los delitos habían disminuido y se sentían más seguros.
La International Security Ligue resume estos hallazgos señalando que los guardias de seguridad pueden reducir los delitos contra la persona en un 31% y los robos al paso en un 22%, incluso en zonas con poca criminalidad.
El patrullaje preventivo puede ser una herramienta efectiva para reducir robos, intrusiones y asaltos solo si se diseña en función de los lugares y horarios donde ocurren los delitos y se combina con presencia visible de guardias y coordinación con la policía. Las rondas rutinarias en áreas extensas sin un objetivo claro no muestran reducciones significativas, mientras que los patrullajes dirigidos en puntos calientes, apoyados por guardias privados o comunitarios, logran disminuir ciertas categorías de delitos y mejorar la percepción de seguridad de las empresas y sus vecindarios.



